¡Hola, mi gente hermosa! ¿Cómo están esos padres, madres y cuidadores maravillosos que me leen día a día? Hoy vamos a meternos de lleno en un tema que nos quita el sueño a muchos: la autodisciplina en nuestros pequeños.
Sé que suena a algo serio, quizás hasta un poco aburrido para ellos, pero, ¡oigan!, ¿se han parado a pensar que es una de las habilidades más valiosas que podemos regalarles para toda la vida?
Es la brújula interna que les permitirá navegar el mundo con seguridad, tomar buenas decisiones y, sobre todo, sentirse capaces. Desde que soy tía (¡y vaya si aprendo con mis sobrinos!), he notado que no se trata de imponer castigos o gritos, sino de sembrar pequeñas semillas de responsabilidad y autonomía desde bien temprano.
Las tendencias actuales en educación infantil, especialmente después de estos últimos años de cambios, nos están mostrando que el autocontrol no es solo para el rendimiento académico, sino para una vida emocional plena y para que puedan enfrentarse a los retos del futuro, ¡incluso los que ni imaginamos!
Como he visto en mi propia experiencia y al hablar con tantos expertos, la clave está en el equilibrio: darles estructura con rutinas claras, sí, pero también muchísima libertad para que exploren, se equivoquen y aprendan de sus propios pasos.
Y, ojo, que nuestro ejemplo, la coherencia y un ambiente de apoyo son fundamentales. Si logramos que ellos mismos quieran hacer lo correcto, sin que se lo tengamos que repetir mil veces, habremos ganado la lotería de la crianza.
Es un camino que requiere paciencia y mucho amor, pero, ¿saben qué? Vale cada esfuerzo. Así que, si quieren descubrir cómo transformar los “no” en “yo puedo”, y ver a sus hijos crecer con una confianza inquebrantable, no se pierdan lo que viene.
¡Les aseguro que esta información les va a cambiar la perspectiva! Prepárense para transformar la dinámica familiar con esta información valiosa.
Desentrañando el Misterio: ¿Qué es realmente la Autodisciplina Infantil?

Muchas veces, cuando escuchamos la palabra “autodisciplina”, nos imaginamos a un niño robot, siguiendo órdenes sin rechistar, o a un pequeño genio que nunca se distrae de sus tareas. ¡Y créanme, nada más lejos de la realidad! Lo que he aprendido, tanto en mi papel de tía como al charlar con psicólogos infantiles y pedagogos, es que la autodisciplina en los niños no es una camisa de fuerza, sino esa chispa interna que les permite elegir lo que es bueno para ellos, incluso cuando hay algo más tentador a la vista. Es esa voz chiquitita que les dice: “primero el deber, luego el placer”, o “si me esfuerzo un poquito más, lo lograré”. Es fundamental entender que no se trata de que hagan lo que nosotros queremos ciegamente, sino de que desarrollen esa capacidad de autorregulación. Es una herramienta poderosa para su vida adulta, porque les enseñará a manejar la frustración, a perseguir sus metas y a tener una autoestima fuerte, sabiendo que son capaces de lograr lo que se proponen. ¿Han notado cómo un niño que decide por sí mismo limpiar su juguete después de jugar se siente orgulloso? Esa es la semilla de la autodisciplina. No es imponer, es inspirar.
Más Allá de las Reglas: La Autonomía como Pilar
Dejemos de pensar que la autodisciplina es solo obedecer. ¡Para nada! Lo que realmente buscamos es que nuestros hijos desarrollen la capacidad de tomar decisiones conscientes y responsables por sí mismos. Es decir, que no hagan las cosas porque los obligamos, sino porque entienden el porqué y el beneficio. Yo, por ejemplo, con mis sobrinos, en lugar de decirles “tienes que recoger”, les pregunto “¿qué crees que pasaría si dejamos todo esto tirado?”. Al principio les cuesta, claro, pero empiezan a relacionar causa y efecto. Esto es clave: no es imponer una regla, sino ayudarlos a internalizar un valor. Cuando les damos autonomía para elegir dentro de límites seguros, les estamos diciendo: “confío en ti, eres capaz”. Y esa confianza es un motor increíble para su desarrollo.
El Cerebro en Desarrollo: Entendiendo sus Ritmos
No podemos pedirle a un niño de tres años la misma capacidad de concentración que a uno de diez. ¡Es una locura! Sus cerebros están en pleno proceso de construcción, especialmente la corteza prefrontal, que es la encargada de la planificación, el control de impulsos y la toma de decisiones. Por eso, mi consejo (y lo he comprobado mil veces) es adaptar nuestras expectativas a su edad. Lo que para un bebé es aprender a esperar un minuto por su biberón, para un preescolar es terminar un dibujo antes de correr a jugar. Y, ¿saben qué? La paciencia es nuestra mejor aliada en este camino. Un paso a la vez, celebrando cada pequeño avance.
Creando un Ambiente Propicio: Rutinas que Abrazan y Empoderan
Si hay algo que he aprendido en todos estos años observando a los niños y hablando con expertos, es que las rutinas no son para aburrir, ¡sino para dar alas! Un entorno predecible y estructurado es como un nido seguro para los peques. Les da esa tranquilidad de saber qué viene después, reduciendo la ansiedad y dándoles la oportunidad de internalizar hábitos. Cuando las cosas son caóticas o cambian constantemente, es mucho más difícil para ellos desarrollar ese sentido de control interno. En mi casa, por ejemplo, tenemos un horario visual para mis sobrinos (hecho con dibujos, ¡les encanta!) donde ven cuándo es la hora de jugar, de las tareas, de comer, y de preparar las cosas para el día siguiente. No saben la paz que trae eso. No hay que luchar con ellos cada mañana, porque ya saben lo que toca. Y lo más importante: cuando ellos participan en la creación de esas rutinas, la sienten como suya, no como algo impuesto por los adultos.
La Magia de la Coherencia: Menos Es Más
Una de las trampas más grandes en la crianza es la inconsistencia. Hoy decimos “sí”, mañana “no”, pasado “quizás”. ¡Imaginen la confusión en la cabeza de un niño! Para que las rutinas y las expectativas funcionen, la coherencia es no negociable. Esto significa que si hoy decimos que después de la cena se lavan los dientes y se lee un cuento, eso debe ser así todos los días, o al menos la mayoría. A veces nos cansamos, lo sé, nos entra la pereza o simplemente se nos olvida, pero créanme, ese pequeño esfuerzo extra por mantener la coherencia tiene un retorno de inversión gigante en la autodisciplina de nuestros hijos. Si tú no te tomas en serio las reglas, ¿por qué habrían de hacerlo ellos?
Visualizando el Éxito: Calendarios y Listas
A los niños les encanta lo visual. Un calendario de pared con stickers para cada tarea cumplida, una tabla de responsabilidades con dibujos o incluso una lista sencilla donde puedan marcar con un check lo que han hecho. Estas herramientas son maravillosas. No solo les recuerdan lo que tienen que hacer, sino que les dan una sensación de logro cada vez que marcan una tarea. He visto cómo mis sobrinos, al terminar su horario de la tarde, corren a poner su pegatina y se sienten los reyes del mundo. Es una forma tangible de ver su progreso y fortalece esa voz interna que les dice “¡lo logré!”.
El Juego como Maestro: Aprendiendo sin Darse Cuenta
¿Quién dijo que aprender autodisciplina tiene que ser aburrido? ¡Para nada! Una de las cosas más fascinantes que he descubierto es cómo el juego puede ser la herramienta más poderosa para enseñar a nuestros hijos a esperar su turno, a seguir reglas, a controlar sus impulsos y a manejar la frustración de perder. Piensen en un juego de mesa simple, por ejemplo. Un niño aprende a esperar su turno, a no tomar todas las cartas, a veces a perder con deportividad (¡aunque eso cuesta un poco al principio!). O un deporte de equipo, donde tienen que colaborar, seguir las instrucciones del entrenador y entender que su rol es importante para el grupo. Es increíble ver cómo, sin darse cuenta, están desarrollando habilidades cruciales para la vida. Yo misma me he sentado horas a jugar con mis sobrinos, y cada partida es una lección disfrazada de diversión.
Juegos de Rol y Simulación: Poniéndose en los Zapatos del Otro
Los juegos de rol, donde los niños simulan ser un médico, un bombero, un maestro o incluso un cliente en una tienda, son fantásticos. Aquí aprenden a seguir un guion (aunque sea imaginario), a respetar el rol de los demás y a entender las consecuencias de ciertas acciones. Si son el vendedor, aprenden a esperar que el cliente elija; si son el médico, entienden la importancia de la paciencia y el cuidado. Estas experiencias lúdicas les permiten practicar el control de sus impulsos y la empatía en un entorno seguro y divertido. Es una forma muy natural de ensayar la vida real.
Actividades que Desarrollan la Concentración
No todo tiene que ser un juego de mesa o un deporte. Hay muchas actividades más tranquilas que también potencian la autodisciplina y la concentración. Rompecabezas, legos, construir con bloques, dibujar con atención, incluso manualidades que requieren varios pasos. Todas estas actividades demandan un esfuerzo sostenido, paciencia y la capacidad de seguir un proceso. Yo he visto a mis sobrinos, absortos en un rompecabezas, aprendiendo a no rendirse a la primera dificultad y a celebrar el momento en que encajan la última pieza. Es una victoria personal que refuerza su confianza en su propia capacidad para concentrarse y terminar una tarea.
Nuestro Espejo: Cuando el Ejemplo Habla Más Fuerte
Ah, mi gente, esta es la parte donde nos toca mirarnos al espejo a nosotros mismos. Y es que, seamos honestos, nuestros hijos son como esponjas, absorbiendo todo lo que ven y oyen de nosotros. Si queremos que sean autodisciplinados, que terminen lo que empiezan, que manejen su tiempo, que controlen sus impulsos, ¿cómo lo hacemos nosotros? Créanme, los sermones son mucho menos efectivos que una buena demostración. Si ven que papá o mamá dejan las cosas a medias, que posponen todo, que se frustran fácilmente, es muy probable que ellos repliquen esos comportamientos. Por el contrario, si nos ven organizando nuestras tareas, cumpliendo nuestros compromisos, gestionando nuestras emociones de manera saludable, les estamos dando el mejor mapa de ruta posible. No se trata de ser perfectos, ¡nadie lo es!, sino de ser conscientes y esforzarnos por ser el modelo que queremos que sigan.
La Sinceridad como Herramienta: Compartiendo Nuestro Proceso
No tenemos que esconder nuestras luchas. De hecho, a veces es muy útil compartir con ellos cómo nosotros también nos esforzamos por ser autodisciplinados. “Hoy tengo que terminar este informe, y aunque me apetece mucho ver la televisión, sé que es importante terminarlo primero”. O “estoy un poco frustrado con esto, pero voy a respirar hondo y buscar una solución”. Al hacer esto, les mostramos que la autodisciplina no es algo que sale perfecto de la noche a la mañana, sino un proceso de esfuerzo y gestión. Los humaniza y les da herramientas para cuando ellos sientan lo mismo.
Padres Imperfectos, Hijos Resilientes
Recuerdo una vez que mi sobrino me vio procrastinando con algo de trabajo y le pregunté: “¿Sabes qué, cielo? Estoy aprendiendo que a veces me cuesta mucho empezar las cosas que no me encantan, pero sé que si lo hago ahora, luego tendré más tiempo para jugar contigo”. Me miró con una seriedad que me sorprendió. No se trata de ser un padre o madre perfecto que lo tiene todo bajo control (¡eso no existe!), sino de ser un ejemplo de honestidad y esfuerzo. Lo importante es que nos vean intentándolo, que nos vean reflexionando y que nos vean aprendiendo. Esa es la mejor lección de autodisciplina y resiliencia que podemos darles.
Celebrando cada Paso: La Motivación que Viene de Dentro
¿Qué pasa después de que nuestros pequeños se esfuerzan y logran algo? ¡Celebremos! Y no me refiero a grandes fiestas o regalos caros. A veces, un simple “¡qué bien lo has hecho, estoy tan orgullosa de tu esfuerzo!” o un abrazo sincero tienen un poder inmenso. El reconocimiento y la validación son el combustible para que quieran seguir intentándolo. Lo que buscamos es que la motivación venga de dentro, que ellos mismos experimenten la satisfacción de haber superado un reto o de haber cumplido con una responsabilidad. He notado que, cuando valoramos el esfuerzo por encima del resultado, los niños se sienten más libres para intentar cosas nuevas sin miedo a fallar, y eso es fundamental para su desarrollo. Es como esa sensación cuando uno completa un proyecto personal difícil; no hay dinero que pague la satisfacción de decir “¡lo hice!”.
Más Elogios al Proceso que al Resultado
Una diferencia sutil, pero muy importante. En lugar de decir “¡eres muy inteligente por haber sacado un diez!”, probemos con “¡me encanta cómo te esforzaste estudiando para este examen, tu dedicación dio sus frutos!”. Al elogiar el proceso (el esfuerzo, la dedicación, la perseverancia), estamos reforzando las conductas que llevan a la autodisciplina, en lugar de solo aplaudir un resultado que podría haber sido fruto de la casualidad. Así, les enseñamos que el valor no está solo en ganar, sino en el camino que se recorre.
Recompensas Intrínsecas vs. Extrínsecas

Si bien las recompensas externas (un dulce, un juguete) pueden ser útiles al principio para establecer un hábito, el objetivo es que la recompensa sea intrínseca: la satisfacción de haber hecho lo correcto, la alegría de haber aprendido algo nuevo, el orgullo de haber sido responsable. ¿Cómo lo logramos? Poco a poco, disminuyendo las recompensas materiales y aumentando las sociales (elogios, tiempo de calidad juntos) y las naturales (tener la habitación ordenada permite encontrar las cosas más rápido). Yo, por ejemplo, cuando mis sobrinos recogen su cuarto sin que se lo pida, en lugar de darles un chocolate, les digo: “Ahora que está todo recogido, ¿qué te parece si tenemos media hora extra de lectura juntos?”. El tiempo de calidad se convierte en una recompensa poderosa y significativa.
Gestionando los Desafíos: Berrinches, Negación y Frustración
¡Ay, los berrinches! Esos momentos en los que toda nuestra paciencia parece desvanecerse en el aire. Pero, ¡calma! Son parte natural del desarrollo. La autodisciplina no se construye en un camino de rosas, sino en la gestión de esos momentos difíciles. Cuando un niño se niega a hacer algo o explota en frustración, no es que quiera fastidiarnos, es que su capacidad de autorregulación todavía no está completamente desarrollada. Aquí es donde nuestra habilidad para mantener la calma, validar sus emociones y luego redirigir la situación se vuelve crucial. Recuerdo una vez que mi sobrino pequeño no quería para nada apagar la tableta, y en vez de gritarle, me puse a su altura y le dije: “Entiendo que te guste mucho y quieras seguir jugando, pero ahora es el momento de guardar la tableta. ¿Quieres que la apaguemos juntos o prefieres apagarla tú solo?”. Darle una opción sencilla a veces es la clave para que sientan un mínimo de control.
| Estrategia | Descripción | Ejemplo Práctico |
|---|---|---|
| Validar Emociones | Reconocer cómo se siente el niño antes de abordar el comportamiento. | “Veo que estás muy enojado porque tienes que guardar el juguete.” |
| Ofrecer Opciones Limitadas | Darle al niño un sentido de control eligiendo entre 2-3 alternativas. | “¿Quieres ponerte la pijama azul o la verde?” |
| Tiempo Fuera Positivo | Un espacio tranquilo para calmarse y reflexionar, no como castigo. | “Vamos a tu rincón tranquilo un momento para que te relajes y luego hablamos.” |
| Establecer Consecuencias Naturales | Permitir que el niño experimente los resultados lógicos de sus acciones (dentro de lo seguro). | “Si no te pones la chamarra, tendrás frío.” |
| Enseñar Habilidades de Afrontamiento | Practicar respiración profunda, contar hasta diez, pedir ayuda. | “Cuando te sientas muy enojado, puedes tomar tres respiraciones profundas como un oso.” |
El Poder del “Tiempo Fuera” con Sentido
El “tiempo fuera” ha sido un tema polémico, pero bien aplicado, puede ser una herramienta maravillosa. No se trata de enviar al niño a un rincón a pensar en lo malo que es, sino de darle un espacio para que se calme, se reconecte consigo mismo y recupere el control. Lo he utilizado con mis sobrinos explicándoles: “Parece que necesitas un momento para calmarte. Cuando te sientas mejor, ven a buscarme y hablaremos”. Es un momento para aprender a autorregularse, no un castigo. Y, ¡ojo!, el lugar debe ser un sitio tranquilo y seguro, no un lugar oscuro o aterrador.
Aprendiendo de los Errores: La Resiliencia en Acción
Todos nos equivocamos, y nuestros hijos no son la excepción. Lo importante no es evitar que cometan errores, sino enseñarles a aprender de ellos. Si no lograron terminar una tarea a tiempo, en lugar de regañarlos, podemos preguntar: “¿Qué crees que podrías haber hecho diferente para que te diera tiempo?”. Esto fomenta la reflexión y la búsqueda de soluciones, que son pilares de la autodisciplina. Es convertir un tropiezo en una valiosa lección de vida. He visto cómo, al darles esa oportunidad de reflexionar, no solo asumen la responsabilidad, sino que también encuentran estrategias para mejorar la próxima vez.
La Magia de la Comunicación: Escuchar y Ser Escuchado
¡Ah, la comunicación! Esa herramienta que muchas veces damos por sentada, pero que es el pegamento de cualquier relación sana, especialmente la que tenemos con nuestros hijos. Para fomentar la autodisciplina, es fundamental que sientan que su voz importa, que los escuchamos, incluso cuando lo que dicen no nos parece lo más sensato del mundo. Un niño que se siente escuchado es un niño que se siente valorado, y esa seguridad es la base para que confíe en sí mismo y en sus propias decisiones. No se trata de ceder siempre a sus caprichos, sino de validar sus sentimientos y luego guiarlos. Cuando mi sobrina no quería ponerse el abrigo porque “no hacía frío”, en vez de imponerle, le pregunté: “Entiendo que no lo sientas ahora, pero mira el termómetro, ¿qué crees que pasará cuando salgamos?”. Esa pequeña conversación, aunque insignificante para nosotros, es enorme para ellos.
Diálogo Abierto: Expresando Necesidades y Límites
La comunicación no es un monólogo, es un diálogo. Esto significa que nosotros también debemos expresar nuestras expectativas y los límites de forma clara y respetuosa. “Necesito que me ayudes con esto para que podamos ir al parque”, o “No podemos hacer esto porque es peligroso”. Pero siempre abriendo un espacio para que ellos pregunten, entiendan y, si es posible, participen en la solución. He descubierto que cuando los niños entienden el “porqué” detrás de una regla, es mucho más probable que la acepten y la cumplan, porque dejan de verla como una imposición arbitraria.
El Arte de Escuchar Activamente
Esto es algo que yo, como tía, he tenido que practicar mucho. Significa dejar el celular, mirar a los ojos, agacharse a su altura y realmente prestar atención a lo que nos están diciendo, tanto con palabras como con su lenguaje corporal. A veces, detrás de un “no quiero” hay un miedo, una frustración, o simplemente la necesidad de un poco de autonomía. Si los escuchamos de verdad, no solo estaremos fortaleciendo nuestro vínculo, sino que también estaremos equipándolos con una herramienta invaluable: la capacidad de expresar sus necesidades de manera efectiva, lo cual es, en sí mismo, un acto de autodisciplina social.
Cuando la Paciencia se Agota: Herramientas para Recargar
Sé lo que están pensando: “Todo esto suena genial, ¿pero qué pasa cuando mi paciencia llega a cero y tengo ganas de salir corriendo?”. ¡Totalmente válido! Criar es una maratón, no un sprint, y habrá días en los que nos sintamos agotados, frustrados y con ganas de tirar la toalla. La autodisciplina de nuestros hijos empieza por la nuestra propia, por nuestra capacidad de manejar el estrés y de recargar nuestras propias baterías. Yo, por ejemplo, he aprendido que un pequeño paseo de 15 minutos yo sola, o simplemente escuchar mi música favorita, puede hacer una diferencia abismal en cómo enfrento el resto del día. No podemos derramar de una copa vacía, ¿verdad? Cuidar de nosotros mismos no es un lujo, es una necesidad fundamental para poder cuidar bien a nuestros hijos.
El Auto-Cuidado no es Egoísmo, es Supervivencia
Es una lección que me costó aprender. Al principio, me sentía culpable si me tomaba un tiempo para mí, pensando que estaba descuidando a mis sobrinos. Pero la realidad es que cuando estoy descansada y tranquila, soy una tía mucho más presente, paciente y efectiva. Cada padre, madre o cuidador necesita encontrar su propia forma de recargar. Puede ser un hobby, hacer ejercicio, meditar, o simplemente tomar un café en silencio. Lo importante es que ese tiempo sea innegociable. Si queremos ser un faro de calma y autodisciplina para nuestros hijos, primero debemos serlo para nosotros mismos.
Buscando Apoyo: No Estamos Solos en Esto
No tenemos que ser superhéroes que pueden con todo. La comunidad es un regalo precioso. Hablar con otros padres, pedir ayuda a la familia, buscar un grupo de apoyo o incluso consultar a un profesional cuando sentimos que la situación nos supera. Compartir experiencias y consejos no solo nos alivia, sino que nos da nuevas perspectivas y estrategias. He descubierto que muchas de las “soluciones” a mis desafíos con mis sobrinos han venido de conversaciones con otras madres o padres que han pasado por lo mismo. No hay vergüenza en pedir una mano; al contrario, es un acto de sabiduría y autoconocimiento.
글을 마치며
Llegamos al final de este viaje juntos, explorando un tema tan crucial como la autodisciplina infantil. Espero de corazón que estas reflexiones y experiencias que les he compartido les sirvan como una guía amable y realista. Recuerden que educar es un arte lleno de paciencia, amor y, sobre todo, mucha comprensión. No se trata de buscar la perfección, sino de acompañar a nuestros pequeños en el descubrimiento de sus propias fortalezas y capacidades. Cada paso, por pequeño que parezca, es un avance gigantesco en su camino hacia una vida plena y autónoma. ¡Sigamos construyendo juntos ese futuro brillante para nuestros niños!
알아두면 쓸모 있는 정보
1. La Autodisciplina no es Innatura: Es una habilidad que se aprende y se desarrolla con el tiempo, la práctica y, sobre todo, un buen modelado por parte de los adultos que los rodean. Requiere consistencia y paciencia.
2. El Entorno es Clave: Crear un ambiente estructurado con rutinas claras y límites consistentes reduce la ansiedad y facilita que los niños internalicen hábitos. La predictibilidad les da seguridad.
3. Jugar es Aprender: Los juegos de mesa, deportes y actividades que requieren seguir reglas y esperar turnos son herramientas poderosas para desarrollar el control de impulsos y la perseverancia sin que se den cuenta.
4. Elogiar el Esfuerzo, no Solo el Resultado: Cuando valoramos la dedicación y el trabajo duro por encima de la perfección, motivamos a los niños a seguir intentándolo y a no temer cometer errores.
5. El Auto-Cuidado del Adulto es Fundamental: Recuerda que no puedes dar lo que no tienes. Si los cuidadores están agotados, es mucho más difícil modelar la calma y la autodisciplina. Prioriza tu bienestar.
중요 사항 정리
La autodisciplina en los niños es el motor de su autonomía, no una imposición. Se cultiva con nuestro ejemplo, rutinas claras, comunicación efectiva y validando sus emociones. Cada desafío es una oportunidad para enseñarles resiliencia. Celebremos su esfuerzo y recordemos que el aprendizaje es un proceso continuo, lleno de pequeños triunfos y oportunidades para crecer juntos.
Preguntas Frecuentes (FAQ) 📖
P: repárense para transformar la dinámica familiar con esta información valiosa.Q1: ¿A qué edad debo empezar a enseñar autodisciplina a mi hijo y cómo puedo hacerlo de una manera que realmente funcione y no parezca un castigo?
A1: ¡Esta es una pregunta que me hacen muchísimo! Y la verdad es que, en mi experiencia, la autodisciplina se empieza a “cocinar” desde que son bien chiquititos, incluso desde la primera infancia, ¡sí, sí, así como lo oyen! No piensen en castigos, para nada. Piensen en sentar las bases de a poquito, con mucho cariño y, sobre todo, con el ejemplo.Cuando mis sobrinos eran bebés, ya los ayudaba a establecer mini-rutinas, como la hora de dormir o de comer. Parece simple, pero esas rutinas les dan una seguridad tremenda y les enseñan la predictibilidad del mundo. Desde los 2 o 3 años, ya podemos introducir pequeñas responsabilidades acorde a su edad, ¡y aquí viene lo divertido! Por ejemplo, guardar sus juguetes (al principio, claro, los ayudaba y lo convertíamos en un juego). O dejar que elijan entre dos opciones de ropa; eso les da una sensación de control que es oro puro para su autonomía.Lo clave es que no lo sientan como una imposición, sino como parte natural de su día a día.
R: efuerza positivamente sus esfuerzos, no solo el resultado. Si mi sobrina intentaba ponerse los zapatos ella sola, aunque se los pusiera al revés, yo le decía: “¡Qué bien lo intentaste, mi amor!
¡Eres una campeona!”. Eso construye su autoestima y sus ganas de seguir intentando. Y lo más importante, siempre con respeto y muchísima paciencia.
Recuerden que estamos sembrando, no exigiendo una cosecha inmediata. Q2: Mi hijo se resiste a las rutinas y las reglas, ¿qué puedo hacer para que coopere sin que cada día sea una batalla campal?
A2: ¡Ay, si supieran las batallas que he visto en casa con mis sobrinos cuando llega la hora de recoger o de ir a la cama! Es totalmente normal que se resistan, ¡son niños explorando sus límites y su independencia!
La clave está en la consistencia y en hacerles partícipes de esas reglas. Lo primero que aprendí es que las reglas deben ser pocas, claras y visuales si es posible.
Un cuadro con dibujos de su rutina diaria puede hacer milagros. Por ejemplo, en mi casa tengo una pizarra donde dibujamos los pasos: “desayunar”, “vestirse”, “cepillarse los dientes”.
Y lo más importante, ¡se cumplen todos los días!. Si un día cedemos, al siguiente será más difícil que cooperen. Otro truco que me ha funcionado de maravilla es la toma de decisiones limitada.
En vez de decir “recoge tus juguetes”, que puede sonar a orden militar, pregunto: “¿Quieres guardar los coches primero o los bloques?”. ¡Funciona!. Les das una sensación de control, pero dentro del límite que tú estableces.
Y cuando hablamos de las reglas, explícales el porqué de cada una de forma sencilla. “Recogemos los juguetes para que no nos tropecemos y se lastimen, y para que mañana encuentres tus favoritos más fácil”.
Eso les ayuda a entender el propósito y no solo a obedecer por obedecer. Y por favor, padres y madres, ¡sean un espejo! Si ustedes cumplen sus propias rutinas y compromisos, ellos lo verán y lo aprenderán.
La coherencia es nuestra mejor aliada en esta hermosa aventura de criar. Q3: ¿Cuáles son los errores más comunes que cometemos los padres al intentar fomentar la autodisciplina y cómo podemos evitarlos?
A3: ¡Uf, esta pregunta es crucial! Porque, seamos sinceros, todos, ABSOLUTAMENTE TODOS, hemos cometido errores en el camino. Y no pasa nada, ¡de los errores se aprende!.
Por eso, les cuento los que, en mi experiencia y después de mucho leer y hablar, considero los más comunes:1. Ser inconsistentes con las reglas: Este es, para mí, el error número uno.
Si un día la regla es “no postre antes de cenar” y al día siguiente sí se lo damos porque estamos cansados, el mensaje que les llega es confuso. Ellos necesitan saber qué esperar.
Mi consejo es: pocas reglas, pero férreas. Que todos los adultos en casa las conozcan y las apliquen igual. 2.
Explicar o sermonear demasiado: A veces, en nuestro afán de que entiendan, les damos una cátedra. Y la verdad, los niños se desconectan. ¡Seamos directos y concisos!.
En lugar de un monólogo, podemos preguntar: “¿Qué crees que pasó aquí? ¿Qué podríamos hacer diferente la próxima vez?”. Eso los invita a reflexionar y no a sentirse regañados.
3. No permitirles las consecuencias naturales: Este es difícil, lo sé, porque queremos protegerlos de todo. Pero si mi sobrino no recoge su suéter y hace frío, no le llevo el suéter, le dejo sentir el frío (leve, claro).
O si no hace la tarea, se enfrenta a la consecuencia de la escuela. Las consecuencias, cuando no son dañinas, son maestras poderosas. ¡Y créanme, aprenden rapidísimo!
4. Etiquetar a los niños: ¡Por favor, eviten esto a toda costa! Decir “eres un desordenado” o “eres un vago” no les ayuda a desarrollar autodisciplina; al contrario, daña su autoestima y los encasilla.
Enfoquémonos en la conducta, no en la persona: “El cuarto está desordenado, ¿cómo podemos arreglarlo juntos?”. 5. Perder la calma y gritar: Lo sé, ¡es agotador!
Pero cuando gritamos, ellos aprenden a gritar, o se asustan y se desconectan. Intentemos respirar profundo y responder con calma y firmeza. Recordar que estamos en su equipo, guiándolos, no luchando contra ellos.
Evitar estos errores y mantener una comunicación abierta y un ambiente de apoyo (¡con mucho amor y humor!) hará que este camino sea mucho más llevadero y exitoso para todos.
¡Confíen en ustedes, son los mejores guías para sus peques!






